Santos Ossa en Cobija y las primeras resacadoras de agua

Sol, viento y agua/ La Aguada de Cerro Moreno/ Santos Ossa en Cobija y las primeras resacadoras de agua/ Las Aguadas de Cobija/ Orígenes del agua en Antofagasta/ El primer destilador solar de Charles Wilson/ Enrique Villegas y la conducción del agua dulce/ Las aguadas de la costa de Taltal/ Los problemas de agua con los ríos San Pedro y Polapi/ Los abrómicos/ El agua, una mirada en la historia militar del Norte Grande/ Tocopilla y el agua potable/ El precio de la porfía: la guerra de los tubos/ Una institucionalidad para el manejo del agua.

Cuando el puerto de Cobija bulle en plena actividad comercial llega y se establece allí José Santos Ossa, minero y comerciante originario del Valle del Huasco, después de haber estado un período en las salitreras de Tarapacá. Su mayor preocupación eran las minas de cobre cuyos minerales enviaba en consignación a Agustín Edwards, quien residía desde 1852 en Valparaíso y llegó a ser el máximo empresario de la  exportación de cobre.  En Cobija, Santos Ossa se casó con la hija de un comerciante español, con quien hizo negocios, entre esos, el del agua potable. En diciembre de 1857, José María Artola, el comerciante español más poderoso de Cobija y socio de Ossa, le vendió la concesión que poseía para trabajar una máquina destiladora de agua de mar que había importado, capaz de producir 3.000 galones, equivalentes a 13.638 litros diarios. Pero como esta máquina demoraba en llegar y el agua  era un buen negocio, poco antes de Ossa entra en funcionamiento una pequeña máquina resacadora de Lucien Durandeau, su vecino de casa inmediato. Entre tanto, Ossa explotó el guano de Paquica, donde ganó bastante dinero, y luego se fue al sur de Chile para hacer negocios de frutos del país, y comprar un fundo para abastecer a los puertos mineros del norte. En 1863, regresó a Cobija. En ese momento —según algunas versiones, otras en cambio dicen que en 1860— José Santos descubrió el salitre en la pampa llamada luego Salar del Carmen, pero no consiguió ninguna franquicia ofi cial del gobierno de Bolivia hasta la guerra contra España, en 1866, cuando se produjo una fuerte  hermandad en la respectiva posición en política internacional que adoptaron las repúblicas de Chile, Bolivia, Perú y Ecuador, países que combatieron juntos la intromisión de la fl ota española en estas costas. Por su amistad con Francisco Puelma Castillo, ingeniero y abogado chileno conocedor del salitre en Tarapacá, donde había trabajado, Ossa le propone formar la Sociedad Exploradora del Desierto de Atacama, logrando una concesión salitrera en el Salar del Carmen, y el permiso para construir un camino carretero al interior. Estas franquicias fueron autorizadas por intermedio del Ministro de Bolivia en Santiago, el 18 de septiembre de 1866.

En 1868, para obtener los capitales necesarios para echar a andar la explotación, Ossa vende a Guillermo Gibbs y Co. la mitad de las concesiones obtenidas por 15 años. Este último traspasa parte de esos derechos a Agustín Edwards Ossandón, el banquero principal de Valparaíso (no a su hijo Agustín, que tenía 15 años), y otro tanto a Jorge Smith y a Melbourne Clark y Cía, formándose con ellos una sociedad mucho más poderosa llamada Melbourne Clark y Cía., a la cual fi nalmente Ossa vende su parte. Esta empresa inicia las obras en la costa para la explotación del salar, instalando en la caleta de La Chimba la primera máquina condensadora de agua y las primeras  construcciones de administración. Luego amplió sus concesiones a las pampas de Salinas y Carmen Alto y obtuvo la franquicia de extender el ferrocarril a todas sus pertenencias, y estas favorables condiciones llevaron a sus socios a ampliar la empresa, formando en Valparaíso, el 9 de octubre de 1872, la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta.  Pero pronto Cobija sería desplazada de su primer lugar como Puerto Mayor con el desarrollo de Antofagasta, que terminaría por posesionarse como tal a pesar de tener el peor puerto del litoral, y de no disponer de agua ni de pasto para las mulas. Estos problemas fueron superados gracias a la tecnología de las máquinas resacadoras de agua de mar para obtener agua dulce, a la importación de alfalfa y cebada, y al ferrocarril, que facilitó el tráfi co al interior, y desplazó en parte a las carretas tiradas por mulas.

También el gran maremoto de 1877 contribuiría a sepultar a Cobija, catástrofe natural que también borró lo que se había construido en Tocopilla. Días después de este desastre, lo primero que se hizo fue reponer los muelles y las embarcaciones que brindaban  abastecimiento de agua y víveres a los barcos, y que también movían las cargas y los pasajeros, tal como consta en los pasavantes de la gobernación marítima del Maule, de donde partían los faluchos y lanchas rumbo a esos puertos. Como parte de los efectos de este   terremoto y maremoto de 1877, Cobija perdió las surgencias de agua dulce en el mar. Según registros históricos, “los pescadores de Cobija aseguran que sacan agua dulce mar adentro, sólo con meter un cántaro en la superfi cie líquida, la que provendría de algún río que surge en pleno océano y afl ora por su menor densidad que la salada”.  A pesar de estos antecedentes, no se ha podido volver a localizar estas fuentes, igual que otras mencionadas, en las orillas de las playas, como sucedió con la conocida aguada de Caleta de Bajo Molle, al sur de Iquique. Datos tardíos de este abastecimiento los aportó Mary Jones de Jones en 1856; según ella, esta fuente se agotó en 1868 a consecuencia del terremoto y maremoto de ese año.  Las búsquedas posteriores de más de un siglo han sido infructuosas.

Benjamín Vicuña  Mackenna y José Santos Ossa, dos aventureros dignos de imitar.

la industria del salitre fue el motor para el desarrollo de Chile hasta la invención del salitre sintético en los años 20. Imagen de 1940.

 

Planta resacadora de agua de mar ubicada en Antofagasta, fotografía de 1917.

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