José Díaz Gana y el descubrimiento de Caracoles

Cobija, nacimiento y desarrollo del principal puerto/ Antofagasta al inicio de la guerra del Pacifico/ José Díaz Gana y el descubrimiento de Caracoles/ La Compañía Minera Huanchaca/ Los orígenes de Taltal/ Mejillones y el guano/ Ferrocarriles de Antofagasta.

José Díaz Gana nació en Valparaíso, en 1827, en una familia de alta sociedad. Su padre era Juan Antonio Díaz de Salcedo y Díaz de la Puente, y su madre era Rosa Gana Martínez de la Torre. Se educó en los mejores establecimientos privados del puerto y a los 25años, en 1852, trabajaba de cajero en la empresa comercial y de minas del catalán José Cerveró, uno de los empresarios más importantes de Valparaíso. Motivado por el permanente optimismo que traían los mineros que llegaban a pedir crédito al puerto, se fue a Copiapó y estuvo de administrador del fundo Potrero Seco, donde se alimentaban las numerosas mulas que hacían el tráfico co entre las bocaminas de los cerros y las estaciones del ferrocarril de ese valle, para embarcar en Caldera los minerales rumbo a Europa. Después José Díaz Gana siguió al norte, hasta llegar a Cobija en 1866. Tenía allí una compañía de comercio con empresarios de Valparaíso, quienes lo abastecían con herramientas y víveres para la venta a los mineros, y lo fi nanciaban para buscar minas de cobre, metal que en ese tiempo hacía millonarios a varios chilenos. Ahí se dedicó a catear vetas en Sierra Gorda, a veces en sociedad con otros y otras solo y explotó un fi lóncuprífero en Mejillones. En esas andanzas conoció a Henri G. Arnau de la Rivière, quien era representante de la empresa francesa concesionaria del guano de Mejillones. Como José Díaz había recibido en secreto el derrotero argentífero de José Garabito, y sus f nancistas nada querían con estos yacimientos, se retiró de esa compañía porteña y constituyó una Sociedad Exploradora y Cateadora con Arnoux de laRivière, quien no disponía de capital alguno, pero consiguió que Luis Pereira Cota pos invirtiera sus ahorros en esta aventura, apuesta que terminó haciéndolos millonarios en pocos meses a los tres. La cuadrilla de cateadores de esta sociedad, compuesta por José Ramón Méndez —a quien sus conocidos llamaban “Cangalla” (ladrón de metales preciosos)—, Ramón Porras, Simón Saavedra y Exequiel Reyes, parte desde Cobija, donde Díaz Gana era Cónsul de Chile en reemplazo de José Santos Ossa, que se había trasladado a La Chimba (después Antofagasta).

Benjamín Vicuña Mackenna al escribir su “Libro de la Plata” (1882), le escribe Manuel Ossa Ruiz, hijo de José Santos Ossa, pidiéndole noticias de la zona minera de Caracoles. Ossa, de 28años, le remite como información un dibujode su autoría, donde aparecen de espaldas, tomando mate y en compañía del infaltable y fi el perro, los cuatro buscadores de minas más famosos de la época, miembros de la cuadrilla que exploraba al interior de Cachinal;al pie del dibujo, Ossa escribe una dedicatoria, que dice “el frío del desierto entona y abre el apetito como podrá verlo en la presente descripción gráfi ca”, fi rmada el 31 de mayo de 1882.

Este grupo, en su tercera salida, siguió el camino a Calama, casi como el Quijote en busca de una aventura afortunada, pernoctando en la aguada del cerro Limón Verde. Cuenta la leyenda que al amanecer, cuando los rayos del sol impactaron en ángulo recto los cerros dándoles un brillo refulgente y espejeado, el “Cangalla” gritó — ¡ahí está el venero de plata! Y así fue. Era el 25 de marzo de 1870. Díaz Gana, que estaba en ese momento en Valparaíso, al saber la noticia vuelve y visita con detalle toda la corrida de cerros del mineral, donde lo que más le impresiona es la formación sedimentaria que contenía una gran cantidad de amonites, un cefalópodo del Secundario, bautizando por eso a todo el mineral como “Caracoles”. Con alma de poeta, a la primera de sus minas inscritas la llamó “La Flor del Desierto”, una imagen recurrente de los mineros, que en el fondo de los piques soñaban con un jardín de fl ores, como lo recordaba el millonario del cobre Federico Varela, dueño de varias minas en Chañaral de las Ánimas. El mineral de Caracoles era uno de los más grandes de todos los descubiertos, con fi lones y vetas esparcidas en una superfi cie de 400 km2. Las barras caracolinasse llegaron a cotizar en Santiago y Valparaíso en250.000 pesos de 48 peniques cada una, y desde el inicio hasta 1893, Caracoles había dado a sus múltiples dueños 63,75 millones de pesos, expresados en moneda de igual valor. Miguel Cruchaga contribuyó al desarrollo de las minas de plata de Caracoles, dando a muchas de esas sociedades la estructura de una sociedad anónima, qué facilitaba las transacciones y el aumento de capital, sin tener que terminar con la empresa por retiro o muerte de un socio.

 A juicio de Javier Vial Solar, el mérito de Cruchaga fue encontrar una solución jurídica “para saciar la codicia de todos” cuando en Santiago había capitales disponibles para cualquier aventura minera.13Caracoles proporcionó importantes capitales a sus afortunados dueños para realizar nuevas inversiones mineras, como las salitreras y las carboníferas, que requerían de grandes sumas, junto a otras actividades comerciales e industriales, como sucedió con los sistemas de transporte, representados por varias empresas navieras, desde la Sud Americana de Vaporesa otras de veleros, como era la Compañía de Buques y Maderas, y ferrocarriles mineros, junto a poderosas empresas aseguradoras que en ese momento se desarrollaban en Chile, lo que se puede apreciar con detalle en el resumen que Carmen Gloria Bravo hace de los principales empresarios de Caracoles.14Por su parte, José Victorino Lastarria, en 1871,escribía al Ministro de Hacienda de Bolivia, señor Tomas Frías, unas cartas descriptivas de lo que estaba ocurriendo en el entorno de Atacama con el recién descubierto mineral de plata de Caracoles, que había provocado un Rush. Parte diciendo: “el descubrimiento de Caracoles ha abierto una ancha puerta a la encarcelada de la América, a la hija de Bolívar, que enclavada allá en sus Yungas y estrechada por las más altas sierras, miraba a todos los horizontes en busca de una salida los océanos”. Señala Lastarria que: “Caracoles ha improvisado en seis meses una población de más de cien casas en Antofagasta y otras doscientas en Mejillones, con casas de crédito y comercio, destilaciones de agua salada, empresas de acarreo y otras especulaciones. La autoridad llega para cobrar contribuciones cuando hubo metales que exportar, y cuando hubo tráfico co en sus calles y caminos que ella no había trazado, con el pretexto que la locomotora ahuyenta las carretas, le impone una fuerte patente de peaje”. Comenta que en ese momento se hace un camino al interior, dirigido por el señor Castro Tagle, Cónsul de Chile, sin embargo, a su juicio, el ferrocarril mucho más importante porque puede llevar al interior el agua destilada en los puertos. Quizás lo más interesante resulta hoy su visión de los compatriotas:“son chilenos los nuevos yanquis que pululan por Antofagasta y Mejillones, tan activos como alegres, tan generosos como afables, que de día trabajan y de noche organizan sociedades de instrucción primaria, y discuten todos los medios de hacer progresar la comunidad”.

Dibujo de Andrèe Bresson en 1872 sobre Caracoles.Impresionante placafotográfi cae de Caracoles fechada en 1874.

Por otro lado, el ingeniero francés André Bressonha dejado la mejor descripción de la Placilla de Caracoles en su primer momento, cuando la población vivía bajo toldos fabricados con los sacos, o con las velas de los faluchos que llegaban del sur, con productos alimenticios, tablas y leña. También está en el libro de este ingeniero francés la imagen pictórica de estos momentos de Caracoles, que algunos autores dicen equívocamente que corresponde a CharlesWiener, pero no es así, porque este sabio francés no estuvo en Caracoles. Señala, entre otras cosas, que en los primeros meses de 1872, la Placilla de Caracoles ya tenía 2.000habitantes, con casas iguales a las de Mejillones, con toldos y tejado galvanizado, sin alineación, sino que siguiendo la quebrada. Cuenta que en 1873 las casas comerciales, en especial las de Valparaíso, ya habían instalado sus sucursales, y levantado algunos hoteles, junto a una sala de baile y de espectáculos con capacidad para 150 a 200 personas. Relata que la plaza del pueblo era cuadrada, y que en uno de sus lados un Coronel Boliviano había levantado un bonito fuerte para la policía y su guarnición, de un piso, con veranda exterior. También que gracias a la amable señora del Cónsul de Chile, Filomena Echiburú de Villegas, quien golpeó todas las puertas, se pudo levantar una pequeña iglesia al lado de la Sub-Prefectura. Describe esta iglesia como “casi elegante, pintada de aceite, con un porche con columnas y un campanario cuadrado”.

Para esa fecha Caracoles ya contaba con “una estación de ferrocarril, para hacer una estadía perfectamente habitable, situada en pleno desierto de Atacama, a más de 200 km del mar”. Agrega que “En resumen, en cuatro años solamente, en un árido desierto, donde nadie turbaba el silencio deese enorme vacío, los hombres atraídos por el apetito de un precioso mineral, han creado un distrito minero donde viven más de 5.000 habitantes, y una villa de 2.000almas, donde nada falta a las necesidades de la población que dispone de plata con tanta facilidad con que la gana, y es, como me lo decían algunos notables”. Respecto del abastecimiento del agua y otros víveres afirma: “Todo en Caracoles es importado, menos el agua. El agua potable viene de las cercanías en pequeños barril estirados por mulas, o en coches-reservorios tirados por cuatro mulas. En 1872, el agua se vendía en 30 francos los72 litros, que en 1874, era la mitad. El agua de segunda calidad, más abundante y barata tenía cierta cantidad de sulfato de magnesio. La leña de quisco se traía de 15 ó 20leguas españolas, desde los altos de Pingo-Pingo y dePuquios. El combustible para las máquinas a vapor se traede Chile y de Inglaterra; el pasto viene de Chile y Argentina y la cebada, alimento preferido de las mulas, viene de Chile. Los transportistas están obligados a tener posadas con víveres y alimentos para los animales, aunque la cantidad de esqueletos de animales muertos muestran las fatigas y privaciones a que están sometidos en el cruce del desierto. El precio de transporte de un quintal desde Mejillones hasta Caracoles es de 40 francos y la mitad a la vuelta; el precio desde Antofagasta es de 25 francos y 12a la vuelta”.

También el boom de Caracoles motivó la creación de los dos primeros bancos de Bolivia, ambos fundados en Valparaíso, en 1871. Uno fue el Banco Boliviano, de Enrique Meiggs y Lorenzo Claro Cruz, yerno de José Victorino Lastarria, para quienes el poeta Eusebio Lillo hizo las gestiones de autorización en Bolivia, aunando amistades en Sucre que le servirían más tarde, para su misión política en la postguerra. El otro fue el Banco Nacional de Bolivia que fue fundado por el comercio del puerto de Valparaíso, y presidido por Agustín Edwards Ossandón, con la participación de importantes empresarios bolivianos residentes en Valparaíso, como eran los hermanos Soroco, los hermanos Dorado, hijos de españoles y nacidos en Cobija y la familia de Napoleón, Mariano y Belisario Pero, junto a los agentes de empresas inglesas, alemanas, italianas que comerciaban con Cobija. Este banco luego absorbería al Banco Boliviano.

El Rush de Caracoles hacía indispensable contar con sedes bancarias que operaran en el litoral, donde llegaban los productos chilenos enviados por las casas de comercio del puerto, y los mineros y empresarios nacionales que necesitaban un banco para girar pagos y pedir préstamos para las operaciones de las grandes minas. Los billetes de estos bancos circulaban con un timbre que decía “emisión del litoral”, señalando que los emitidos en 1873 eran pagados en Cobija, en Valparaíso, y luego también en Antofagasta. Durante la guerra del Pacífico estos bancos chilenos fueron expropiados, pero al firmarse el Pacto de Tregua de1884, los accionistas propietarios del Banco Nacional de Bolivia y de las minas de Corocero fueron indemnizados por el gobierno boliviano.17

Arriba, yacimiento de Caracoles en su estado actual.

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