El primer destilador solar de Charles Wilson

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El ingeniero sueco, Charles Wilson.

Las Salinas, ubicado a 112 kms de Antofagasta, era un pueblo de servicio al cual llegaban semanalmente un promedio de ochocientas carretas arrastradas por mulas cargadas de minerales. Cundían los hoteles y fondas que proporcionaban comidas, los almacenes de menestra y licores, bodegas para ventas de herramientas y forraje para los animales. Naturalmente, también estaban los burdeles de prostitutas que vendían su amor. Un pueblo donde se expendían todas las carencias para los trabajadores del salitre y los pirquineros de Caracoles.

Sus habitantes reclamaban agua potable para su consumo y el de sus animales. Adyacente a Las Salinas existía un terreno inclinado por donde brotaba agua salobre, y para convertirla en agua potable se instalaron ahí las llamadas condensadoras de agua, que habían permitido a los pueblos del litoral abastecerse de agua. Lamentablemente, el funcionamiento de las condensadoras era demasiado oneroso, puesto que funcionaban con carbón como combustible, mineral que se adquiría en los yacimientos carboníferos del sur de Chile, o en la lejana Inglaterra. El consumo de combustible y la obtención de agua potable, rendía de uno a seis, y en las mejores condiciones, de uno a ocho. Esto encarecía sustancialmente el agua; en Las Salinas su precio llegaba a cuatro centavos el galón.

En 1872, el ingeniero sueco Charles Wilson confeccionó la primera planta de destilación solar que se tenga noticia para la empresa Salitrera Lastenia Salinas (sobre la cual después se construiría la oficina Chacabuco). Dicha planta era un instrumento destinado a convertir en potable el agua salada, usando para ello dos elementos que se encontraban en  abundancia en el desierto de Atacama: el calor solar y la fuerza del viento. Fue el sistema que se instaló en Las Salinas. El aparato consistía en la instalación de arcas poco profundas llenas de agua salada, cubiertas por un techo oblicuo de vidrio en una extensión de 4.000 m2. El agua era elevada desde los pozos mediante una bomba de molino de viento hasta un estanque con capacidad para cuatro días. El sol calentaba el agua de las arcas por los rayos que pasaban a través de los vidrios. De esta manera, se producía vapor que se condensaba y era conducido a través de cañerías hasta una cuba que almacena el líquido potable. La ingeniosa máquina llegó a producir en verano más de 20.000 litros de agua fresca diaria. La milagrosa máquina funcionó hasta 1907, año en que comenzaron a operar las primeras cañerías con agua de la Cordillera de los Andes.

Este experimento llevado a efecto en pleno desierto, con dificultades tecnológicas, ha sido reconocido como exitoso en foros y reuniones contemporáneas realizadas por científicos expertos en materias de aprovechamiento de la energía solar, destacando el emprendimiento de este ingeniero sueco en mitad del desierto más árido del mundo.

Imagen de la mítica máquina condensadora de Charles Wilson, reconocida internacionalmente por su originalidad.


 

Canchas de salitre en la región de Antofagasta.