Cobija, nacimiento y desarrollo del principal puerto

Las dificultades existentes para la ocupación del litoral por falta de agua dulce para las personas y los animales, se manifestó claramente cuando se creó la república de Bolivia el 6 de agosto de 1825. El Mariscal venezolano Antonio José de Sucre, héroe de la independencia sudamericana y primer Presidente Vitalicio de Bolivia, le encargó al general irlandés Burnett O’Connor, que se trasladara desde Tarija a la costa de Atacama, para que la recorriera y levantara un mapa de las caletas de Loa, Cobija, Mejillones y Paposo, las más conocidas, con el fin de poder elegir un puerto apropiado, que pudiera ser abierto al comercio internacional de la nueva república. En respuesta, el general irlandés decía en su informe al Presidente: “Mejillones es un hermoso puerto, pero carece de agua, el Loa tiene agua salobre y el Paposo tiene río con pescado que le entra, pero el tránsito a Atacama [San Pedro de Atacama], no tiene una gota de agua ni pasto, y por esa razón es inverificable”, en cambio “el de Cobija tenía el mejor fondo para ancla y el puerto más cómodo también, aunque escaso de agua, pero de poder aumentar la cantidad”. Con esta recomendación, no quedó mucho para elegir y, por Decreto gubernamental, e l 1º de enero de 1826 se habilitó a Cobija como Puerto Mayor bajo el nombre de La Mar, en homenaje al general De La Mar de la independencia. A los pobladores que fueron llegando se les entregó gratuitamente terrenos y se los liberó de pagar impuestos por tres años.

En 1829, el puerto de La Mar tenía 196 hombres y 119 mujeres, de los cuales 25 hombres y 14 mujeres eran chilenos.1 Pronto este puerto boliviano tendría gran actividad comercial y movimiento marítimo. De los 20 puertos de mayor tráfico en la costa del Pacífico, entre 1828 y 1837 Cobija ocupaba el segundo lugar después de El Callao, con el 11% del movimiento total generado desde Valparaíso. Lo que más llama la atención es que en Cobija los veleros de bandera boliviana eran apenas 10 en estos años. En cambio, predominaban los veleros de bandera francesa que llevaban desde Valparaíso productos alimenticios, ropa y herramientas para la minería.2 Esta presencia francesa dominante venía del siglo anterior. Según informaba Amadeo Frezier, Cobija “sólo lo frecuentaban los franceses, quienes para atraer a los comerciantes, buscaron los lugares más cercanos a las minas y más alejados de los oficiales reales, para facilitar el comercio y el transporte de la plata y de las mercancías. Cobija es el puerto más cercano a Lipes y Potosí, que, sin embargo, queda a más de cien leguas, por una región desértica”. Agregaba Frezier que: “La aldea está compuesta de unas cincuenta casas de indios hechas con pieles de lobos marinos. Como es tierra estéril, los habitantes sólo se alimentan de pescado, de un poco de maíz y de tupinambo o papa, que se trae de Atacama a cambio de pescado. En la aldea no hay más que un hilo de agua algo salada y como únicos árboles, se ven cuatro palmeras y dos higueras”.

 Lo que no dice Frezier es que estos veleros franceses hacían un fructífero contrabando, cambiando sus productos por ricos minerales de plata y cobre, minerales que en Europa adquirían rápidamente más valor, por eso estos mercaderes necesitaban alejarse del control de las autoridades coloniales, a cargo de los puertos habilitados para este tráfico, como era Arica. Pocos años antes, en 1706, había estado en Cobija el comerciante belga Vicente Bauver, que en su relación de viaje, publicada el siglo XX, dice: “No hay más habitantes en este lugar que el Cura y cerca de 300 hombres que habitan unas cabañas construidas con huesos de ballenas, de cerca de 4 pies de altura, cubiertas de cueros de lobos que apestan a la distancia.” Sigue este viajero en mula, en compañía de un guía y de sus animales de carga, al interior de la pampa en dirección al altiplano  con la idea de obtener de la autoridad de aduana la autorización oficial para comerciar en esta costa. Al terminar el segundo día de travesía, en medio de un paisaje bastante desolado para un europeo, anotaba con detalle y rasgos de angustia, diciendo: “después de recorrer 24 leguas a través de un terreno árido, no vimos ser humano, ni ganado, ni árboles, ni hierba, sólo esqueletos de mulas. Ni una gota de agua”.

Alcides D’Orbigny llegó el 14 de abril de 1830 a Cobija, para quedarse unos días. La aridez de esta costa le causó tal impresión, que reunió varios datos científicos del lugar y de sus residentes. Para él navegar de sur a norte por esta costa era lo más agradable, con un mar terso y tranquilo, correspondiendo así, en esta parte de Atacama, al poético nombre de Océano Pacífico. En la punta de Mejillones avistaba hacia el norte los cerros de la costa, los que llegan a su mayor altura a espaldas del puerto de Cobija, lo cual explicala condensación de las neblinas en esa cúspide y la minúscula cantidad de agua que escurre hasta ese puerto. Recordando a Frezier un siglo antes, D’Orbigny completa la información sobre los changos diciendo que fueron diezmados por una epidemia en la segunda mitad del siglo XVIII y que el puerto de Cobija había sido casi abandonado en los años de independencia. A partir de 1825, cuando el gobierno de Bolivia declaró a Cobija como Puerto Mayor, su desarrollo fue impulsado por Lucas de la Cotera, un español rico, así “este puerto se convirtió pronto en el centro del comercio internacional de la zona y una de las sedes de las principales casas de Chile y del Perú. Las cabañas de los pescadores fueron reemplazadas por la Casa de Gobierno, una aduana, un cuartel y muchas hermosas casas construidas con madera traída de Chile”. También eran de origen chileno las tres palmeras que había plantadas, junto a dos higueras, un sauce y una especie de acacia, árboles puestos en fila “en el único lugar donde es posible hallar algo de humedad, en leguas a la redonda. Cerca corre, por un cañito de una pulgada de diámetro, la única fuente que abastece las necesidades del villorrio y de los indios de los alrededores”. D’Orbigny vio a varias indias que venían a buscar agua de los alrededores y desde una mina de cobre, a dos leguas de distancia. Los indios hacían contrabando en sus balsas llevando plata piña a los bergantines anclados más lejos. Va también a una mina de plata, a bastante altura, y trepando más alto encontró una mancha húmeda, donde crecían higueras y pasto nativo, pero según relata, el agua tenía mucho sulfuro pararse bebida.

Cuando D’Orbigny estaba en Cobija, Bolivia no tenía relaciones diplomáticas con Francia a pesar que su gobierno había contratado sólo médicos franceses para el protomedicato, adoptado el Código Napoleónico para la legislación civil, y en Cobija residían seis comerciantes franceses, bastante ricos, que habían hecho su fortuna en el lugar. Sin embargo, había gran familiaridad cultural con los franceses, desde el siglo XVIII, cuando el contrabando con ellos, a través de Arica y Cobija, recibía el beneplácito de las autoridades virreinales. El reconocimiento diplomático del nuevo país se obtendría a través del Cónsul de Francia en Valparaíso, en 1833, cuando “un emisario francés anunciaba desde Cobija, al gobierno boliviano que Francia, reconociendo en principio la independencia de esta República, estaba dispuesta a concluir con Bolivia un tratado de amistad, comercio y navegación sobre el principio de la más exacta reciprocidad”, saliendo por esta razón a Europa el primer Ministro de Bolivia en París, Casimiro Olañeta, quien llevaba de Secretario a Tomás Frías, más tarde Ministro de Hacienda y Presidente de Bolivia. Francia era el primer país europeo que reconocía a este nuevo país sudamericano, debido justamente a las publicaciones elogiosas que hizo Alcides D’Orbigny sobre la rica variada naturaleza de Bolivia. Entre los primeros residentes de Cobija, también franceses, estaban los hermanos ingenieros Máximo y Domingo Latrille, descubridores del guano y del salitre en Atacama, los cuales llegaron al litoral desde el interior de Bolivia, donde residían desde su arribo de Europa. En 1841 Domingo Latrille descubrió el guano fósil de Mejillones y junto a su hermano al año siguiente empezaron a explotar la mina de cobre de Gatico, al norte de Cobija, lo mismo que la mina de cobre de Huanillo. En la caleta Duendes, después llamada Tocopilla, tuvieron uno de los primeros hornos de fundición para los minerales de cobre. En1857 estos hermanos junto a Luis Meunier, también francés y minero de Gatico, exploraron a la pampa interior en busca de nuevas minas hasta llegar al cerro El Plomo, llamado después Palestina, y al regresar a la costa por el salar del Carmen encontraron salitre, pero no les interesó en ese momento.

En 1852, los comerciantes residentes, los mineros, agricultores, artesanos, propietarios de bienes raíces, junto a otros personajes de Cobija, solicitan al Presidente del Consejo Municipal del puerto la construcción de un camino al interior que activara el comercio y el trabajo ya que desde el fin de la guerra de Oriente, tres años antes, bajó el precio internacional del cobre, al punto que varias minas en el área cerraron, además de la carestía de los forrajes para las mulas y de los víveres para la población. El camino mejoraría el tráfico al interior y a las provincias argentinas, a donde se despachaban muchos productos traídos desde Valparaíso. De no actuar así, la población de Cobija seguiría dejando el lugar, hasta despoblarlo.8Sin embargo, aunque todavía no se sabía, en ese momento se iniciaba una época particularmente favorable para el comercio internacional del cobre, que se cotizó en Londres en precios promedio anual, hasta 1872, en moneda de igual valor, a seis veces el precio de la libra del metal en 19989, lo cual explicó la rapidez asombrosa con que hicieron sus fortunas los millonarios de Copiapó, La Serena y Ovalle, que junto a la explotación de sus minas compraban cobre en esta costa boliviana para procesar en sus fundiciones.

Carta topográfica y mineralógica del Desierto de Atacama confeccionada porAndrée Bresson en losaños 1871-1872,donde se destacan los yacimientos de salitre, plata y cobre conocidos. Publicado en “Bolivia Sept annéesd’explorations, devoyages et de sejeursdans L’AmeriqueAustrale en París, 1886”.Arriba, Cobija antes del terremoto del 9 de mayo de 1877 en un grabado de AndréeBresson de 1872.Izquierda, antigua Iglesia de Cobija cuya campaña se encuentra en una de las iglesias de Antofagasta. Derecha, situación actual de Cobija, donde sólo permanecen algunos pescadores que han hecho de las ruinas su hogar. Abajo, retrato de AlcidesD’Orbigny (1802-1857), naturalista francés, que llegó el 14de abril de 1830 aCobija para estudiar el paisaje y características de la región.

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